Me despierto a la mañana siguiente con el corazón roto, la mirada perdida, y unas gotas de lágrimas saladas recorriendo mis mejillas. Aún recuerdo, en la infancia, cuando te contaba mis secretos, cuando jugabamos a las casitas y cuando monté en tí por primera vez, la casa de mis sueños. Recuerdo cuando eras muy pequeño, aquellos años en los que me levantaba muy temprano para verte crecer, para alimentar a tu enfermiso cuerpo que un día se convirtió en tí, mi árbol de recuerdos. Tal belleza la tuya, con tus hojas verdes y esas floresillas blancas que nacían en tus ramas, en primavera. Cuando te desnudabas y yo te arropaba contra el frío del seco y agrietante invierno. Tú me ayudastes a desarrollar mi alma artística, en tí reflejé mi mirada, y la pasión por la naturaleza. Y ahora la caja que palpita ha dictado que te quiero.
Mis pulmones gritan ayuda, y mis cuerdas vocales tocan la sinfonía de beethoben, la cual oíamos en aquellas rutinarias tardes de soledad. Lo que más calor me da, en esta, la etapa blanca, es tu presencia. Parece que te toco en mis sueños más lejanos, un profundo aliento que me hace recordar a tus gigantes ramas esparcidas por el bello campo.
Los segundos se me han hecho minutos, los minutos horas y las horas días... El pueblo te ha visitado, hasta el mismisimo vecino que aprovechó de tí, la muerte. El cordero ha querido convertirse en león, y se ha transformado en un misero tigre, con un tal parecido a la voz de un gato ronco.
¿Lo persives?, ¿Lo oyes?, son las voces de su conciencia =). Como tú mismo me distes a entender, '' no has fracasado, solo has buscando 100 soluciones que no funcionan''.
Como bien he dicho, no debo desesperar, el invierno ya nos ha dicho adios, la cuestión es, y tú, ¿Me dirás adios?
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