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martes, 9 de marzo de 2010

Wonderful Moon 2ºCapítulo (Amapolas verdes)

Me desperté rodeado de petalos de amapolas verdes.
Estaba empapado de la torrencial que había caído en aquella bella noche, sentado en charcos de agua salada mientras el sol se reflejaba en aquellas ondas suaves y deliciosas, pensaba en ella.
Aún no se me había quitado de la cabeza, era mi droga particular de la que nunca podré desengancharme, se apodera de mi cuerpo y de mi mente, y no me deja respirar. Regreso a la ciudad cansado, mientras se me ocurre la idea de dar un paseo por la playa, ya que no había nadie en la calle.
Mientras remojaba los pies en el agua, iva observando el maravilloso sol, había convertido el cielo totalmente de naranja.
Que día tan precioso hacía. La recta imaginaria del horizonte de deformó y salió algo hermoso del mar. Era ella, tapada con petalos de amapolas verdes... Me desnudé y me tiré al agua, me acerqué hacia ella. Era hermosa ni la luna podía compararse con ella, era perfecta. Se quedó mirandome fijamente, y aproveché para declararme:

-Oh diosa de los cielos y de la luna, si supiera que no duermo, que no como, que no respiro por usted. Que daría mi cuerpo para que me fustigaran por solo un beso, por solo una caricia en su mejilla, por solo una mirada profunda. Si supiera que mis pesadillas se han convertido en preciosos sueños con solo pensar en usted. Mi amor es platónico y sincero, ni Júpiter, ni Neptuno, ni la mismisima Luna tiene la belleza que tiene usted. Creame, no miento.
Se acercó a solo unos 5 cm de mi cara, su nariz rozó la mía, y nos fundimos en un apasionado beso.
Mis bronquios se ensancharon como nunca, mis pulmones se hicieron mas grandes, y mi respiración se hizo eterna.
Nueva York había callado durante unos minutos.
Hasta que la hermosa diosa desapareció.
Lloré como nunca había llorado, grité como nunca había gritado, odie como nunca había odiado... y amé como nunca había amado.

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