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viernes, 8 de octubre de 2010

Lágrimas que derramar. (Cap.2)

Caminé hacia la salida, y oigo decir:
-Señorita ¿A dónde va? -dijo el cura.
-Tengo que salir, aquí no puedo estar. -respondí angustiada.
-¿Seguro que es lo que él quería?
-Yo no sé si es lo que él quería, pero aquí no puedo estar.
El mejor amigo de mi novio vino y me agarro por los hombros. Y me dice en baja voz:
- Ven siéntate aquí con nosotros. Quizás fue su tono de voz, o mi agobio en sí, pero acepté y me senté. Cuando el cura terminó de hablar, el amigo me dijo:
-No te muevas de aquí, ¿Vale?
Siguió hacia el cura y empezó a hablar. Primero empezó a recordar las trastadas que hacían mi novio y él cuando eran pequeños como:
-Me acuerdo cuando le pusimos una cucaracha de mentira en la silla de clase a una compañera, nos reímos tanto que la profesora nos mando fuera toda la hora. Ahí nos reímos más y más hasta que termino la hora y entonces la profesora nos hecho la bronca.
Cada historia que contaba iban creciendo; Hasta que llego a una historia:
-Pero el día que más me reí fue cuando me dijo que le gustaba una chica, pero que chica, lo tenía coladito, pero si no se la quedaba él, me la quedaba yo.
Poco a poco me fui dándome cuenta que hablaba de mi, la historia tan tonta pero a la vez tan bonita era la mía pero contada por otra boca.
Me reía, pero no era la única que se reía en toda la iglesia, nos reíamos todos. En ese momento sentí que mi novio también estaba riéndose y recordando. Para finalizar dijo:
-Porque esto es lo que él quería que hiciéramos, no quería ver a nadie de los que está aquí llorar, ¿Por qué lloran? se preguntaría él ahora, pero yo prometí no hacerlo y voy a cumplir mi promesa, porque sé que estás bien donde quiera que te encuentres y que siempre estarás en mi menoría y en las de muchos más, porque murió un cuerpo pero no un amigo.
Mi sonrisa murió y nacieron mis lágrimas. Todo lo que decía, desde el principio hasta el final, lo decía mirándome a mí. Cuando terminó decidí irme rápido, no quería sufrir más. Cuando me dirijo a la salida, me encuentro a la madre, así que le sonreí y seguí de largo. Pero ella me paro y me dijo:
-¿Cómo estás?
-Pues bueno… - intente decir entre medias lágrimas y temblores
- ¿Y tú?
-Bueno… -y se rio mientras me miraba a los ojos.
- Ven conmigo tengo que darte algo. -dijo ella.
Yo no hable, solo la seguí. Cuando se paro, la vi parada delante de su coche. Abrió la puerta de su coche blanco un poco viejo, por no decir muy viejo. Y saco una bolsa no muy pequeña, ni muy grande una cosa intermedia.
-Toma esto lo tenía mi hijo para ti, no se para que fiesta es pero… bueno. -dijo ella.
Cuando vi lo que era me sorprendí, era tan grande que nunca me imaginé que me regalaría una cosa así. Me fije que en el cristal de atrás tenía un osito muy bonito. Lo cogió y dijo:
-Esto era de él, pensé que te gustaría tenerlo.
Era una oso hermoso, tenia 3 collares, primero mi inicial, luego una “Y” y luego su inicial.
Me pareció encantador y raro a la vez porque era la primera vez que lo veía. Nuevamente, sacó un perfume.
- Pensé que te iría bien regalártelo. Si te sientes sola le echas perfume al oso, lo abrazas y así sentirás que él estará ahí contigo siempre. Carol, sienteme como una amiga más, y llámame cuando tu quieras.
Mientras me iba a, el amigo de mi novio se acerca y me dice:
-¿ya te vas?
-Sí, mi padre me viene a buscar – dije con prisas.
-Ah! Comprendo, tengo que darte algo.
Sacó de su bolsillo un folio, y me dijo:
-Esto es una carta de él que yo tenía guardada, por si alguna vez cortaban de buenas o pasaba algo. Y ahora, venga que soy bueno amigo y te acompaño.
-Vale, mejor. -añadí.

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