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martes, 22 de junio de 2010

Lágrimas de cartón

Confundimos el plácer con el amor, y nos quedamos prendidos eternamente hasta el final de nuestras vidas.
Aún recuerdo los paseos por la playa, y las dolorosas despedidas cuando te ivas al ejercito. Los baños en el mar por la noche, y las largas horas de conversación mientras nos comíamos los gofres de chocolate caseros de tu madre.
Fueron tantos recuerdos juntos, que aún no entiendo por qué durastes tan poco en mis brazos.
Sí, todavía sigo llorando lágrimas de cartón heladas.
Cuán feliz me hicistes, cuyos momentos he retratado por las paredes de mi jaula.
Todo comenzó con un gran encuentro en los pupitres de parbulario, a penas nos conocíamos y ya nos estabamos contando las cosas que íbamos a pedir para los reyes.
Tú me agarrastes de la mano y emprendimos un largo camino hasta bachiller. Hasta ahí nuestras vidas eran perfectamente perfectas, pero las causas del destino hicieron que los estudios puedieran con el corazón.
Aguardé junto a la caja que palpita largos momentos en soledad hasta tu llegada. Nos mandabamos cartas cada mes, y nos hicimos grandes amigos, grandes confidentes, grandes amores.
Esperé 5 años eternos de mi vida.
El último año juntos nos prometimos que la distancia no iba a poder con el corazón,y así fue. Cuando cumplí los 20 me distes una gran sorpresa, estabas esperando junto a mi puerta con un gran ramo de amapolas verdes, recíen arrancadas de Livingston (EE.UU) y una cajita de cartón a tu derecha.
Aquel fue nuestro primer beso, el primer comienzo de la nueva etapa de mi vida.

No abras la caja aún, solo la abrirás cuando la distancia te haga echarme de menos. -dijo él.
¿Entonces podré abrirla cuando camines más alante que yo? Le pregunte.
Tu silencio y tu sonrisa me cautivo como la primera vez.
Tras meses pegados, debistes irte a trabajar en el ejercito, a lo lejos de Afganistan.
No desesperé, me lo tome como un tiempo que en poco iva a terminar.
Pero te eché demasiado de menos, y te hice caso, abrí la caja de cartón, que por el ´duro invierno se había helado.
Contenían lágrimas que se había conservado hasta ahora.
Nunca entendí el significado de lo que me querías transmitir.
Me sucedió algo extraño, todas las mañanas nada más levantarme me aparecía tu cara, y yo lloraba desconsoladamente lágrimas que al tocarlas me daban escalofríos de lo friás que estaban. Así, mañana tras mañana, día por día, año por año.
Pero un día como otro cualquier, paré de llorar, mi corazón descansaba el palpitar, y me sentía muy cansado.
Me senté en la amaca donde nos solíamos acostar todos los otoños. Y derrepente, cayó una carta mojada, en donde cuyas letras no se podían ver muy bien.
Y decía:

'' Cuando tube que salir de Washington por los estudios, el médico me detectó una grave enfermedad llamada cáncer maligno de pulmón. Estube meses en tratamiento, y al parecer todo parecía ir bien, podía seguir viviendo como una persona normal. Y es que en aquella clínica donde residía estabamos a bajo 0 grados, y cada vez que te recordaba, lloraba desconsoladamente, hasta tal punto que decidí guardar
aquellas frías lágrimas en esa caja de cartón, que en tus manos llevas ahora.
Pero da la mala suerte de la vida, que mis pulmones se han llenado de nuevo, y resido en la misma clínica que hace años.
Con todo esto quiero que sepas que aunque mis pulmones mueran y mi corazón deje de palpitar, en mi mente siempre quedará gravado la palabra TE QUIERO.
No quiero que me busques, ni que preguntes por mi, sabrás mi lugar cuando tus mismos pulmones interactuen con los mios y dejes lentamente de palpitar, ¿recuerdas? si tu saltas, yo salto.

Ahora entendía el por qué de aquella caja de cartón y ahora entendía tus retrasos cuando me mandabas cartas.
Las lágrimas heladas se hicieron rutina en mi vida, y no me preocupé, es más me prometí a mi mismo; Me deberé de preocupar cuando deje de llorar, y cuando en mi memoria no salga tu nombre, ahí, clavaré mi arma de guerra en mi hambriento y descolorido corazón.

CARLOS LÓPEZ

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