lunes, 27 de septiembre de 2010
Nacer, amar y morir.
Hay tantas cosas que te agradecería, que podría construir una lista de pasados. Por todas esas veces que estuviste para mí, por todas las verdades que me hiciste ver, por toda la alegría que trajiste a mi vida, por todos los errores que me hiciste corregir, por cada sueño que hiciste realidad y por todo el amor que encontré en ti. Siempre estaré agradecido cariño. Porque tú eres el único que me brindo una mano para no dejarme caer. Tú eres el único que me dijo, lo pasaras, pasaras todo el sufrimiento que haya en el mundo, pero yo estaré ahí para hacértelo pasar lo mejor posible. Es difícil explicar que fuiste mi fuerza cuando estaba débil, que fuiste mi voz cuando no podía hablar y que fuiste mis ojos cuando no podía ver. Tú decías que lo mejor estaba en mí y me ayudaste a avanzar cuando no podía llegar. Me diste fe, pues tú creías en todo lo que yo era. Porque tú me amaste, me diste alas y me hiciste volar. Tocaste mi mando y pude tocar el cielo. Aún así perdí mi fe, y tú me la regresaste. Tú dijiste que no había estrella que no pudiera alcanzar. Me alegro de tener tu amor y de tenerlo todo. Estoy agradecido por cada día que me diste, quizás no sepa cuantos, pero sé que en verdad es mucho. He sido bendecido porque fui amado por ti. Este tierno viento que me lleva a una luz en la oscuridad, iluminando tu amor en mi vida. Fuiste mi inspiración y contra las mentiras tú fuiste la verdad. Nacimos para amar y ser amados, porque tú me amaste hasta el día de mi muerte y yo besé tus finos labios eternamente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario